En los últimos años, la consecución de la neutralidad de carbono para 2050 se ha tratado como un compromiso global casi indiscutible. Los gobiernos han anunciado sus compromisos, las empresas los han registrado y las instituciones financieras han ejercido presión mediante el voto y la escalada. Sin embargo, el panorama de 2025-2026 revela un cambio significativo, caracterizado por una pérdida de impulso, una reevaluación de los objetivos o una relajación gradual de los estándares. Esto no es una negación del cambio climático, sino un reajuste dictated por consideraciones económicas y políticas y los límites prácticos de la implementación. El ejemplo más destacado de este cambio proviene de un jugador que solía liderar la presión en lugar de aliviarla: el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega (Norges Bank Investment Management – NBIM), uno de los mayores inversores institucionales del mundo.
Pérdida de impulso en la consecución de la neutralidad de carbono
En los últimos años, la consecución de la neutralidad de carbono para 2050 se ha tratado como un compromiso global. Sin embargo, el panorama de 2025-2026 revela un cambio significativo, con una pérdida de impulso y una reevaluación de los objetivos. El ejemplo más destacado es el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, que solía liderar la presión en lugar de aliviarla.